El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

¿No lo teníamos todo?/ Didn’t We Almost Have It All?

   ¿No lo teníamos todo?

   Una relación estable, una complicidad. Un amor de mediodía. Una pasión desprendida. Un corazón enérgico que latía al ritmo de nuestro pecho.

   Por la mañana, cuando nos levantábamos, todo era alegría. Alegría de la piel que se despertaba y la desnudez que seguía a todo lo demás.

   Y la risa. Tu risa de oro, tintineante y serena. Y esos ojos claritos de agua de pozo, y ese pelo rubio que ya clareaba en la frente.

   ¿No lo teníamos todo?

   Una casa espaciosa, llena de la desnudez de tus cosas y las mías. Un jardín pequeño, hecho de un ensueño imaginado. Y aquella fuente en la que hundíamos las manos para darnos de beber.

   ¿No lo teníamos todo?

   Las noches de niebla que entraban atravesando los ventanales de una habitación encendida por tu amor y el mío. Una combustión eterna que nunca saciaba mi sed de ti, mi necesidad de ti.

   Un presente sereno, en el que las caricias dibujaban la carretera de nuestros sueños. De los dos. Porque los dos dormíamos en la misma cama, bebíamos de las mismas copas, comíamos de la mano y de la mano nos amábamos hasta el amanecer.

   ¿No lo teníamos todo?

   Tu belleza de cuento, tu brillante inteligencia. Mi arte, en el que llegaste a ocupar casi toda producción, en una obsesión de amante loco y necesitado.

   Todo lo teníamos hasta que se acabó.

   Se agotaron las tardes tras las celosías del jardín, jugando con las sombras de los rosales en flor. Se acabaron las caricias en la ducha, cuando descubríamos que aún nos gustaba aquello que más nos atrajo el uno del otro; y las comidas copiosas en las que el alimento corría de una boca a la otra tras un beso oscuro, lleno de los sabores de unas lenguas descuidadas.

   Se acabaron las miradas de ternura, y las palabras dulces que empalagan oídos no habituados a las charlas intrascendentes del amor. Y la magia despertada en cada caricia y el amanecer de tu sonrisa y el agua de mar de tu mirada.

   ¿Y no lo teníamos todo?

   Sí.  Amarte hacía mi vida más fácil. Hacía que mi vida cobrase sentido. Y arrullarte entre mis brazos a la llegada del alba, acariciando ese pecho en el que se perdían mis manos hasta encontrarse en el vacío, me hacía sentir vivo, tridimensional, único por poseerte, porque me amabas. Eras la razón de cada respiro y, secretamente, el culmen de mi pasión.

   Pero todo eso no fue suficiente. O quizá fue de más.

   ¿No teníamos lo mejor de la vida, viendo cómo el amor cambiaba de la mera pasión al más encendido cariño? ¿No sabíamos qué era el amor encerrado en el silencio de la complicidad? ¿No teníamos una vida perfecta, en la que cada pieza tenía su lugar y su significado en el mundo? ¿Acaso nuestra cama no era el encuentro de dos mundos tan distintos que daban a luz una nueva vida? ¿Acaso no lo teníamos todo?

   Sí… Pero no fue suficiente.

   Y ahora, sentado en el porche de una casa que no es la mía, con una vida que fue mía, te recuerdo abrazados bajo la lluvia de nuestro primer beso, y la torpeza y urgencia de nuestro primer abrazo, y el sonido de tu risa y la belleza de tus ojos brillando en la oscuridad…

   Sí, casi lo tuvimos todo. Todo: un sueño de felicidad.

   Hasta que te fuiste. Y me dejaste solo, echando de menos tu compañía.

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