Una sombra que se mueve. Los límites están borrosos. Amplia y seductora sombra que huele a ti.

   Por tu olor te veo. Y te veo por la forma de tu sombra, hermosa y acariciante como un poema.

   Por tus rimas te veo. Y te veo por el susurro de tu respiración, que ocupa medio siglo de aire y lo devuelve con sabor a besos.

   Por tu sabor te veo. Y te veo cuando acercas tu pelo que brilla y tu piel de melocotón, rosada y suave.

   Por tu tacto te veo. Y te veo en tus labios sedosos, en tu caricia ansiosa y en un abrazo que es como llegar a un nuevo mundo, un mundo nuevo que se llama como tú.

   Y me pongo las gafas para verte. Y los límites borrosos se resumen en los rasgos de tu cara. Y te veo junto a mí, enorme como un universo, con la mirada risueña y las manos delicadas y el torso hacendoso por acercarse a mí.

   Y sonrío al verte. Y sonrío al sentirte.

   Y abro los brazos para darte la bienvenida.

   Un nuevo día. Un nuevo yo.

   Y tú.

Funny Face.

17/06/2012

Funny Face. Fred Astaire.

   - ¿Qué estás haciendo?

   - Dormía.

   - Hazme un hueco.

   - ¿Ahora?

   - Anda, no seas así… ¿No sabes que quiero ver la cara más graciosa del mundo?

   - …

   - La cara más graciosa, más adorable y más hermosa del mundo.

   - …

   - Te quie…

   - Ven, ven aquí.

   - …

   - Tu cara sí es la más hermosa del mundo.

   - …

   - Y te amo.

   En sus ojos soy feliz.

   Seré por siempre el mismo. No envejeceré jamás.

   En sus ojos nada malo ocurre. Porque sólo amor reflejan.

   Seré por siempre hermoso. Seré siempre un premio, una alegría.

   En sus ojos todo es bello. Porque me ama.

   Entre sus brazos soy mejor de lo que siempre he soñado que sería. Y apoyando mi cabeza en su hombro, consigo una fuerza que va más allá de este mundo. Porque está en él.

   En sus ojos todo será por siempre, su brillo, sus sueños, sus anhelos. Y mi reflejo.

   Seré siempre suyo a través del tiempo, cada minuto que me mire, cada momento que estemos juntos y me acaricie el rostro y me bese en los labios.

   En sus ojos soy feliz. Muy feliz. Y me siento único.

   Porque me ama.

 

In his eyes I am happy.

I will be forever myself. I will never grow old.

Nothing bad happen in his eyes. Because their filled with love.

I’ll be forever young and beautiful. I will be a prize, a joy, forever.

In his eyes the World is just a beauty. Because he loves me.

In his arms I am better than I ever dreamt I’ll be. And leaning my head in his shoulder I find out a force that will defeat any terror. Because he is strong and he is beautiful. And because he loves me.

In his eyes everything will be forever: his dreams, his love. And my reflection.

Beyond Time I will be forever his: every minute he looks at me, every moment we stay together, every time he touches my face and kisses my lips.

In his eyes I am happy. True happy. And I feel chosen, unique.

Because he loves me.

In his eyes.

   Toda vida tiene un motivo, una causa y un centro de los que dimanan las intenciones, los actos, los sueños y los logros.

   Si perdemos ese equilibrio, por lo demás demasiado delicado como para no protegerlo, ¿qué nos queda?

   Me he preguntado varias veces por esto. ¿Podemos seguir viviendo una vida productiva, quizá feliz, si carecemos de un mínimo de estímulo, de razones y aspiraciones que nos impelan a ir hacia adelante?

   Por todas partes vemos vidas a medio hacer, muy inferiores a sus sueños, a aquello que imaginaron una vez. ¿El secreto está en aceptar las circunstancias vitales que nos han llevado a esa situación: la dejadez, las desavenencias del destino o simplemente la mala suerte, y vivir el presente tal cual lo tenemos? ¿Qué es el futuro entonces, si no una entelequia disfrazada de destino? ¿Dónde está el centro de una vida, la causa que la inflama, el motivo que la lanza a conquistar nuevas metas?

   No lo sé…

Bolero (nocturno).

06/05/2012

   Me miras. Te miro.

   Sonríes. Sonrío.

   Separados por la distancia de un abrazo que no llega (todavía).

   Frunces los labios, quieres decirme algo.

   Hago como si tal cosa. Escancio vino y sirvo dos copas. Te ofrezco una riendo y cierro los ojos.

   Tocas mi mano y jugueteas con los dedos. El roce es eléctrico; saltan chispas.

   Te miro. Me miras. Sonreímos.

   Te acercas. Poco a poco. Yo hago como si nada y algo se cae al suelo.

   Intento cogerlo y tú también. Brazos que se juntan, manos, que se ponen en contacto.

   Mi brazo en tu mano se eriza y un millón de cosquillas llegan a mi corazón acelerado.

   Y comienzan los besos.

   Tu boca migra por mi brazo y se detiene en el codo. Tus dedos suben uno a a uno hasta mi cuello, que se deja hacer.

   Botón, botón; lenta liberación; miel y deseo.

   Mi mano sube por tu torso y llega hasta tu pecho. Lo abre con fruición. Y ambos brazos juegan a ser encontrados y se hallan.

   Como reconociéndose, se unen. Y todo estalla.

   Cuerpos que se complementan. Piel excitada sobre piel candente. Fuego que alimenta al fuego. Cosquillas y electricidad.

   Cae un rayo y otro más. Y comienz a allover.

   Besos del cuello a los tobillos. Toda la orografía de nuestros cuerpos tatuada en los labios que se comen unos a otros.

   Espaldas, piernas, caderas, todo en un movimiento lento y firme, lleno de fuerza y pasión. Bolero nocturno, vestido de lluvia.

   Afuera, estalla una tormenta. Relámpagos que restallan en el cielo, iluminando parcelas de piel desnuda y lubricando deseos hambrientos y libres

   Lluvia golpea los cristales. Nuestros cuepros que se golpean a sí mismos. Y se llenan de un sentido que escapa a los sentidos y nos separa y nos une de forma involuntaria.

   El cabecero de la cama golpea la pared y cae un relámpago de cada vez. Bailamos un bolero con la naturaleza que cae.

   Todo es un sueño… Hasta que llega la calma.

   Ahítos y temblorosos, los cuerpos se separan, los brazos se deslían, y quedan las manos unidas en un beso que finalmente se apaga.

   La lluvia sigue cayendo, pero la tormenta ha pasado.

   Se oyen truenos en la lejanía jadeante. Y las pieles brillan.

   Cierro los ojos. Cierras tus ojos.

   Y una medio sonrisa se dibuja entre las sombras.

   El tiempo pasa. La respiración se tranquiliza. Y un silencio lleno de suspiros cae entre los dos.

   Te miro. Me miras.

   Sonreímos.

   Nos acercamos un poco. Mudos. Llenos. Vacíos.

   Felices.

   Y todo vuelve a empezar.

   El brazo se desliza por la cama.

   Se eleva.

   La calidez de la mañana lo roza. Y una pirueta dibuja en el aire.

   Los dedos bailan un vals con el espacio vacío.

   Luz suave entre cortinas leves. La brisa discreta con olor a mar entra por la ventana abierta.

   Una grieta sobre el cabezal de la cama. La sombra de una cabellera castaña, desordenada por el sueño. Y el peso de la compañía.

   El brazo alzado recogiendo la calidez de la mañana, y el beso salitroso de la brisa, y el descanso cansado de una noche tranquila.

   Un suspiro. Un discreto ronquido. Una sonrisa.

   El brazo vuelve a la cama. Y un desperezo.

   Un giro. Y se acerca un poco más. Siente el calor del cuerpo a su lado. Y el peso de la compañía.

   Cierra los ojos. Afuera amanece.

   Espera un poco más. Un poquito más. Todavía hay tiempo.

   Aspira el olor de la compañía que tiene a su lado. Y sonríe.

   Todavía hay tiempo para despertar.

   ¡Qué felicidad!

   Ya no sé lo que hacer para que te des cuenta de lo que te quiero.

   Te sientas ahí y haces que no me ves. Y me hablas y me dices cosas odiosas: que amas, que te aman; que te desean, que deseas. Y no te preocupas de mí, de lo que pueda sentir o hacer.

   Y yo me quedo en silencio oyéndote y sabiendo que la mitad de lo que dices es cierto y la otra mitad es un empeño en que me olvide de ti.

   Pero, ¿cómo podría? Si a nadie amo como te amo a ti. Si a nadie deseo tan bien como a ti. Si de tanto que suspiro el viento sale de mi boca buscando tus labios.

   Y tu corazón helado se hace el ciego y no siente las caricias con que intento derretirlo y los mimos que le harían feliz.

   Nadie te quiere como yo; nadie aceptaría cada una de las palabras de tu boca ni el latido de tu corazón helado como yo. Pero pasas de mí buscando sueños imposibles, tras mariposas que brillan como tú, fugaces, en medio de la noche.

   Pero cuando te despiertas a media mañana, con sabor a alcohol pasado y a deseos apagados, ¿por quién preguntas? Cuando el silencio puede más que todo el ruido que te rodea, ¿a quién buscas?

   Y sin embargo tu corazón helado juega conmigo como un juguete roto. Me enseñas tus labios, la morbidez de tus hombros y un mohín que deshace mi propio corazón, hecho de agua líquida que se evapora fácilmente.

   Corazón helado, he intentado todo lo que se me ha ocurrido. Te he socorrido todo lo que he podido. Y no me entiendes o no me quieres entender. Ni el arrullo de la siesta, ni el calor que sale de mí por ti consigue derretir tu corazón helado.

   ¿Y qué más puedo hacer? Lágrimas resbalan por mis mejillas. Los latidos de mi corazón apenas arañan mi pecho. Y tú sigues sin mirarme, sin darte cuenta, sin quererme.

   ¡Oh, corazón helado, eres cruel! Y te gusta serlo. Y yo ya no quiero ser más tu marioneta.

   Pero te quiero, te quiero hasta la enfermedad. Y ni aún así he conseguido derretir ni un poco el frío de tu corazón helado.

   Y aunque mi corazón me diga lo contrario, sé que debo irme. Por mí. Y por ti.

   No sé qué será de ti, y no quiero pensarlo. Porque amarte me detendría y por amarte me haría aún más daño.

   Adiós, corazón helado. Me muero por tenerte, pero más muero a tu lado.

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