You Belong to Me. Michael Bublé.

Viendo el mar desde esta playa inmensa, que parece esperar a que nos besemos, me doy cuenta, en su infinitud, que eres para mí.

Rodeados como estamos de gaviotas y de arena, de rocas y agua salada, tu aroma lo envuelve todo y me doy cuenta, así de repente, que tú eres para mí.

Caminando de la mano, como si nos conociésemos ayer, me entra tal emoción al sentir tu tacto, que no hallo cabida en mi propio cuerpo y me expando por toda la playa llena de espuma y de sal, y caigo en la cuenta que eres para mí.

Y qué sorpresa tenerte a mi lado. Que me has buscado y yo he encontrado algo muy parecido a la felicidad.

Y la felicidad es callada y clamorosa, sedienta y ahíta, llena de contrastes, como tus ojos de alga, tu sonrisa de estrellas y tus brazos de agua.

El viento agita tu pelo y te oscurece los ojos. Sonríes sujetándome aún la mano, y corres, corres tras el viento y yo tras de ti, atado a ti, queriéndote, porque eres para mí.

Lo sé, lo has sido siempre. Pero no lo sabía, o no era consciente. Ahora sí. Y todo parece más hermoso porque tú lo llenas: el océano en la distancia, el viento que atrae nubes esponjosas, el agua que cae y se transforma en mar.

Llueve y tu risa reverbera en cada gota que cae, en esos sonidos de gruta y musgo, de piedra y arena. Qué maravilla estar a tu lado.Qué suerte. Qué sueño soñado, qué despertar, qué sorpresa.

Porque, mientras paseamos por la orilla mojada, entre la lluvia que cae y el mar en calma, la arena entre nuestros pies helados y las manos entrelazadas, te miro a los ojos y me llena el universo, y en tu boca deposito un beso que sabe a eternidad y a sal y a cosquillas graciosas y a un amor que escapa por nuestros poros mezclándose con el aire y nuestras pieles. Y te hablo y me respondes y todo parece ocupar por fin su lugar y ese lugar es estupendo.

Lo sé, ahora lo sé, hoy me he dado cuenta: eres todo para mí.

Nymphaeum


Pablo Álverez González 2, posted with vodpod

 

Cuando todo nos agota: las responsabilidades que tenemos, las que vendrán; el futuro incierto; la lucha inabarcable; el dolor que se esconde tras una decisión errónea, el cúmulo de pequeñas tonterías que desmoronan los nervios y destruyen la moral; cuando el mundo nos grita su imposibilidad y los sueños se rompen en pedazos de hiriente cristal, pienso en ti, en tu calor de chimenea, en tu sonrisa de almohada tibia, y vuelvo a casa otra vez.

Cuando nos agotamos buscando salidas inútiles, y nos agobiamos porque el camino se oscurece más de lo que hubiésemos querido; cuando el océano se extiende indemne ante nuestro combate; cuando las esperanzas hechas añicos nos salen al paso lacerando nuestros pies, pienso en ti, y el arrullo de tu voz al abrazarme, y el aroma de tu piel libre de toda lucha, me hacen sentir en casa otra vez.

Cuando las fuerzas se agotan hasta embotar los filos de lo posible; cuando el cielo se oscurece cuajado de estrellas fugitivas y la mañana no trae más alivio que el mismo problema de supervivencia, de lucha e indefensión; el recuerdo de tu amor a corazón abierto, lleno de sangre caliente y de pasión, hace que mi vida cobre un sentido y sepa cuál es su destino: sentir que está en casa, y que en casa estás tú, y que el mundo se detiene en el dintel de la puerta, y que el mal desaparece entre tu risa; y que tu aliento de menta y tabaco, y tu risa de nácar tostado, todo lo diluye en la ribera del hogar que ambos hemos creado.

Cuando atravieso las calles mojadas, atestadas de gentes con prisa ridícula y ciega; cuando mi propia ceguera me impide sentir los latidos de mi corazón, recordarte de repente, con una taza de café en la mano y un cigarrillo a veces olvidado en el cenicero, rodeado de papeles, con el pecho abierto a la noche y la sonrisa de plata mezclada con la luna, hace que mis pies toquen el cielo y vuelen y viajen corriendo a tu lado, a tu vera, a tu cercanía, y me hacen sentir en casa otra vez.

A pesar de todos los problemas que me agotan, que no sé resolver; a pesar de la ruina que me rodea, del precipicio en el que me asomo; tu presencia unida a la tierra, con las raíces hundidas en el hogar que hemos creado juntos, y tu suprema sapiencia y tu sereno estar, hacen que vuelva la calma a mis sueños, la razón a mi locura y el sentido común a mi desazón. Y ver tu cara reflejada en la ventana, rodeada de lluvia o nieve o sol moribundo, con hojas de rosa tostado en tus ojos de pozo oscuro, me regalan la energía que me falta, la esperanza que muere en el mundo que nos rodea y que resucita, como un milagro, cada vez que abres la puerta de nuestro hogar, suave y luminoso, pero delicado y frágil, y me recibes con los brazos abiertos y tu olor a madera y peonías y tu risa de ala y tus ojos tranquilos y brillantes de verme de vuelta, de vuelta a nuestro mundo, acabado e intacto, pero nuestro mundo a fin y al cabo. Y cuando cerramos la puerta detrás nuestra, quedan los problemas, las preocupaciones, las mil decepciones del día y lo que puede ser, fuera de nuestra vida, de nuestro mundo, de nuestro hogar. Y suspiro, sintiendo que vuelvo a casa otra vez. A mí. Y a ti. Y soy de nuevo feliz.

My Heart Was Home Again-Josh Groban, posted with vodpod

Memoria/ Memory.

24/07/2010


Hace un par de horas un señor muy mayor, un abuelo de 92 años, tropezó con nosotros en la puerta de casa. Es uno de los habitantes más antiguos de la aldea en la que vivo, en medio de la nada del Tiempo detenido. Con mirada consternada y voz entrecortada y con pizca de miedo nos dijo su nombre y preguntó inmediatamente si sabíamos dónde vivía, porque no se acordaba.

Su aspecto demacrado, delgado pajarillo perdido, sin luz en las pupilas y la voz caída que dan los años. Mi padre, veinte años menor que él, le cogió del brazo e intentó calmarlo, le recordó quién era y le dijo que gratamente lo llevaría hasta su casa… Nos miró con recelo antes de volver a repetir su nombre y su súplica. Mi padre, con la paciencia eterna de quién ha tenido hijos, le dejó hablar una y otra vez mientras lo acompañaba hasta la puerta de su casa, una veintena de pasos más allá.

Esa imagen ha quedado grabada en mi mente y en mi corazón. No es la primera vez que veo, escucho o ayudo a una persona con demencia (mi propia abuela la tuvo), pero hoy, precisamente hoy, cuando los espíritus se hallaban (se hallan) revueltos en mi interior y me impiden mirar hacia adelante, este episodio ha sido como una llamada de atención, un grito de sorpresa.

Primero, como siempre, la Enfermedad. Damos por garantizado la Salud como la Belleza o la Bondad, y sin embargo no lo es. Sometemos a nuestro cuerpo a un sinnúmero de dificultades que pacientemente supera sin rechistar, hasta que se cansa. Y cuando lo hace, cae en un abismo que parece no tener fin. La falta de Salud (y éste es el verdadero concepto de Enfermedad) nos transforma en pacientes, es decir, en seres que deben esperar, suspendidos en el dolor, la incomodidad o la duda durante un tiempo indefinido que puede durar un mundo. Mi padre es un paciente, pues lleva cuarenta años enfermo. Sufre un proceso autoinmune llamado Lupus Eritematoso Sistémico (LES), que limita su existencia sin dejar de ahogarlo, pero que le ha hecho infinitamente más sabio, razonablemente más sereno y, sobre todo o más que todo, paciente.

Él tuvo paciencia con ese pobre abuelo perdido en la inconstancia de su memoria. Le dejó repetir su letanía cien veces en esos pocos metros sin inmutarse y, las mismas veces, le respondó sereno, como si fuese la primera. Lo cogió por los hombros, a ese pobre pajarillo delgado, y lo condujo hasta su hogar sólo perdido en la laguna sin nombre de su inclemente demencia.

Puede que yo no hubiese tenido tanta comprensión; puede que hubiese respondido a esa pregunta plañidera con una chirimía continua sin poso ni peso específico. Lo hubiese ayudado, sí, pero desde la perspectiva de mi propia vida, rebosante de Salud, aún activa, que ayuda porque puede y porque está acostumbrada a ello, y quizá con una discreta empatía que no se parecería en nada (ni por asomo) al profundo sentimiento que desplegó mi padre, siempre padre por encima de todas las cosas. Aún oigo por detrás la llamada de mi madre, que corrió hasta la casa para acomodar al abuelo si sus familiares aún no estuviesen en la suya. Eso fue la empatía del corazón, la sabiduría de la paternidad, el ansia de ser útil y la generosidad de quien sabe por lo que se ha pasado y lo que vendrá.

Uno de los temores más profundos de mi vida es perder mi memoria. Ser una carga para aquellos que me rodean; perder la capacidad de comunicarme, de ser productivo; de apreciar conscientemente la belleza de la noche y el despertar del nuevo día. Una de mis luchas más poderosas es aprender a liberarme, a darme el permiso que necesito para desplegar mis alas de una vez y emprender un vuelo raso y continuo, al amanecer…

Quizá no merezca sentirme apagado y sin vida cuando la realidad que me rodea es tan gráfica, está tan presente y es tan real. No lo sé. Sólo sé que, al caer la tarde, mis padres siguieron siendo lo que han sido toda la vida: padres, y sin esperar nada a cambio, ayudaron a un desvalido perdido de sí mismo y lo guiaron a casa con el brillo de las estrellas. Esa generosidad y ese ser ellos mismos…

No lo sé, la verdad. Quizá cuando el alba llegue, un nuevo día empezará, y aquello que he presenciado hoy, consiga despertar partes de mi alma aún dormidas que me impiden llegar, todavía, a la eternidad. Eternidad de las que ese abuelo perdido, y mis padres, ya están de vuelta.

My Baby Just Cares For Me, George Michael.

El maravilloso talento de un joven artista español en el arte del dibujo, la fotografía, la luz, la sombra y el color: Pablo Álvarez González.

The wonderful talent of a Sapnish young artist blossomed into drawings, light, shades, colors and Art: Pablo Álvarez González.

Pablo Álvarez González. Retratos., posted with vodpod
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