2014

01/01/2014

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   1459184_10152021550392836_617473699_nCon sólo oírte, saltaron las cuerdas de mi corazón con gozo.

   No te había conocido antes, pero te he querido por siempre. ¿Cómo lo sé? Porque las cuerdas de mi corazón resuenan cada vez que pienso en ti.

   Recuerdo incluso cuando posaste tu mirada sobre la mía, el temblor que me entró que hasta los dedos se me enredaban unos con los otros y no podía separarlos, y la sonrisa se me salía de la boca enrollada con las cuerdas de mi corazón, que resonaba y resonaba sin que te dieras cuenta.

   Pero me sonreíste y menudo lío en mi pecho. Respiraba, transpiraba, pensaba. Y del barullo de la cabeza al ronroneo de mi voz, que parecía decir palabras inconexas pero con todo sentido para mí.

   Y recuerdo que reías, y lo hacías de mí, y me parecía lo mejor del mundo. Así de loco vibraba mi corazón.

   Tocaste las cuerdas adecuadas y una melodía parecida al amor de improviso emergió de mí.

   El cielo se hizo azul y sin nubes, y el viento fresco y lleno de caricias.Y cuando dijiste mi nombre el mundo se detuvo y supe, supe que te amaba así, pum, pum, pum, con todas las cuerdas de mi corazón.

   Soy tuyo, quise decirte. Aunque sé que casi me desmayé del gusto.

   Y te reíste. Y desde ese día hasta hoy, estás junto a mí. Enredado en las cuerdas de mi corazón.

   Qué felicidad.

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   Se componen canciones de amor, se recitan bellos poemas. Pero no para mí.

   El cielo cuajado de estrellas, guiñando sus ojos eternos, protege a los amantes. Pero no me protege a mí.

   Las manos se unen en una caricia. Que no es para mí.

   Las espaldas se arquean buscando un calor que no es para mí.

   Y los labios sonríen y se humedecen y reparten besos de amor. Que no son para mí.

   El amor busca sus vías, atraviesa todo océano y toda lluvia gris para llegar al corazón deseado. Como me pasó a mí.

   Y sentí el arrebato de una marcha alocada, que llenó de plumas mi pecho sediento. Y cada paso era un escalón al cielo.

   Estar cerca, hablar de cerca, rozar una parcela de piel y quizá un mechón de su pelo. Hablar sin decir gran cosa por el simple placer de oír ese timbre divino. Y perder el sueño soñando despierto y correr sin detenerse y saltar al vacío del amor sin seguros ni redes.

   Hasta que me tomó de la mano y me llevó a un apartado. La luna brillaba lejana, pálida y discreta. Sus ojos oscuros, su nariz recta, y esos labios llenos de los besos que deseaba darle y el aroma de su perfume exhalando suspiros en su piel.

   - No, no te quiero así.

   Dijo.

   Y los poetas componen versos de amor. Y el violín suena y también la flauta. El río reverbera, acuoso y lleno. Y el viento hace levitar los corazones. Todo parece ser más liviano y todos tienen a su lado alguien que les hace feliz. O al menos es lo que creen.

   He ahí la felicidad, dicen.

   Pero no para mí.

Me decían que sí, me decían que no. Que el amor existe, que el amor se acaba. Que el amor es un disfraz o una moda.

Y es cierto.

El amor es todo eso. Pero además es nerviosidad y tonterías; es profundidad y dificultad; es el todo y la nada.

Pero sobre todo es felicidad.

Y la felicidad lleva tu nombre.

No hay nada que se acerque a ese estado asombroso en el que entro cuando te tengo cerca. Esa energía es la que hace que las plantas crezcan y que las mareas lleguen puntuales a la orilla. Es lo que hace a la luna maravillosa y al sol, un corazón que late.

La felicidad hace que abra los ojos cada mañana y busque el arrullo de tu sonrisa. Y que de tus ojos sean mi cara lo primero que vean.

La felicidad lleva tu nombre.

Y el amor muda, y el amor cambia. Y es muchas cosas, y deja de serlas.

Pero también es felicidad.

Y lo será por siempre, mientras lleve tu nombre.

   Puede ser.

   O no.

   Puede ser.

   O no.

   Todo cambia. Todo. Menos el corazón. El mío congelado, que parece piedra transparente, hielo.

   Tú lo has hecho así. A tu imagen y semejanza.

   Y el tiempo pasa. Pasa por sobre todos. Menos por lo que siento.

   Puede ser.

   Y lo es.

   Aún te amo.

   Tantos años, tantas aguas perdidas río abajo y sigo aquí. Pensando en ti como quien se sorprende de vivir.

   La vida, esa jugadora de dados, esa ruleta rusa. Esa tramposa que nos hace creer que olvidamos, hasta que me trae de nuevo a ti.

   El que se fue todo lo pierde. Él cambia por irse, ya no es el mismo. Pinta colores divergentes, refracta con la vida que vuelve a encontrar.

   Eso te ha pasado a ti. Por irte. Con todo. Y con todos.

   Menos conmigo.

   Me transformé en piedra, mi corazón en un puño sangrando por ti. Y cuando te fuiste, me lo tragué de un bocado. Y me supo mal: a sangre, a dolor y a llanto.

   Una vez ido quedé sin nada, pues tú eras mi mundo. Y mira qué hiciste. Te fuiste sin importarte nada. Y, como el que se fue, me dejaste atrás sin importarte, sin una pizca de remordimientos.

   Y nada fue igual desde ese día. Hasta hoy. Que has regresado.

   Puede ser.

   O no.

   Puede ser.

   Y lo es. Que desde que el mundo es mundo, aquel que ama continúa su letanía del abandono para luego llenarse de dolor y finalmente de olvido, perdiendo de vista el amor, saboreando el dolor y dejando atrás al que se fue.

   Menos yo.

   Aún te amo. Y, por eso, no quiero saber más de ti.

   Siempre me pasa lo mismo. Busco y busco en vano. Lo que encuentro no es lo que deseo, y lo que anhelo simplemente no es para mí.

   Me paso la vida persiguiendo sueños y ellos se van dejándome solo.

   ¿Qué he hecho con mi vida? Nada importante. Nadie se gira al verme pasar; nadie se fija en mi sonrisa o en el brillo de mi mirada. Nadie extiende su brazo a medianoche en busca de un abrazo que sólo yo puedo dar. Cuando anhelo un día de sol, llueve. Cuando quiero ser besado veo cómo esos labios anhelados atracan en el puerto de otra boca. Mientras espero por encarnar mis sueños, estos se diluyen en vano tras de mí.

   Y no quiero mirar alrededor, no quiero saber qué les pasa a los demás. La sonrisa, la algarabía, el éxito, los sueños encarnados, las alegrías, las tristezas… No quiero ver cómo los demás obtienen lo que desean, aquello por lo que luchan, el suspiro por el que viven. Yo vivo persiguiendo sueños que se me niegan; yo vivo deseando atravesar arco iris que nunca se abren para mí. Ni siquiera un rayo de sol, ni siquiera el guiño de una luna misteriosa. Me paso la vida persiguiendo sueños que nunca, nunca, se hacen realidad.

   Y tú has sido el más hermoso de todos. Y el más doloroso también.

   Siempre he soñado con tenerte a mi lado. Con que me amases si quiera con una parte de lo que yo te quiero… Pero te quedas callado, me sonríes como quien sonríe a un perro, y me acaricias sin más y te vas. Te vas buscando otros abrazos, otras palabras lisonjeras, otros rumores y otros amores que no te hacen bien, o no todo el bien que yo te daría… Y aquí quedo yo, solo, en medio de una oscuridad penetrante, persiguiendo el sueño de amarte, entre los brillos de un cielo que no se abre para mí.

   Me paso la vida persiguiendo sueños.., que nunca serán para mí.

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