No para mí/ But Not For Me.
16/10/2012
Se componen canciones de amor, se recitan bellos poemas. Pero no para mí.
El cielo cuajado de estrellas, guiñando sus ojos eternos, protege a los amantes. Pero no me protege a mí.
Las manos se unen en una caricia. Que no es para mí.
Las espaldas se arquean buscando un calor que no es para mí.
Y los labios sonríen y se humedecen y reparten besos de amor. Que no son para mí.
El amor busca sus vías, atraviesa todo océano y toda lluvia gris para llegar al corazón deseado. Como me pasó a mí.
Y sentí el arrebato de una marcha alocada, que llenó de plumas mi pecho sediento. Y cada paso era un escalón al cielo.
Estar cerca, hablar de cerca, rozar una parcela de piel y quizá un mechón de su pelo. Hablar sin decir gran cosa por el simple placer de oír ese timbre divino. Y perder el sueño soñando despierto y correr sin detenerse y saltar al vacío del amor sin seguros ni redes.
Hasta que me tomó de la mano y me llevó a un apartado. La luna brillaba lejana, pálida y discreta. Sus ojos oscuros, su nariz recta, y esos labios llenos de los besos que deseaba darle y el aroma de su perfume exhalando suspiros en su piel.
- No, no te quiero así.
Dijo.
Y los poetas componen versos de amor. Y el violín suena y también la flauta. El río reverbera, acuoso y lleno. Y el viento hace levitar los corazones. Todo parece ser más liviano y todos tienen a su lado alguien que les hace feliz. O al menos es lo que creen.
He ahí la felicidad, dicen.
Pero no para mí.
Me decían que sí, me decían que no. Que el amor existe, que el amor se acaba. Que el amor es un disfraz o una moda.
Y es cierto.
El amor es todo eso. Pero además es nerviosidad y tonterías; es profundidad y dificultad; es el todo y la nada.
Pero sobre todo es felicidad.
Y la felicidad lleva tu nombre.
No hay nada que se acerque a ese estado asombroso en el que entro cuando te tengo cerca. Esa energía es la que hace que las plantas crezcan y que las mareas lleguen puntuales a la orilla. Es lo que hace a la luna maravillosa y al sol, un corazón que late.
La felicidad hace que abra los ojos cada mañana y busque el arrullo de tu sonrisa. Y que de tus ojos sean mi cara lo primero que vean.
La felicidad lleva tu nombre.
Y el amor muda, y el amor cambia. Y es muchas cosas, y deja de serlas.
Pero también es felicidad.
Y lo será por siempre, mientras lleve tu nombre.
El que se fue/ The one that got away.
09/04/2012
O no.
Puede ser.
O no.
Todo cambia. Todo. Menos el corazón. El mío congelado, que parece piedra transparente, hielo.
Tú lo has hecho así. A tu imagen y semejanza.
Y el tiempo pasa. Pasa por sobre todos. Menos por lo que siento.
Puede ser.
Y lo es.
Aún te amo.
Tantos años, tantas aguas perdidas río abajo y sigo aquí. Pensando en ti como quien se sorprende de vivir.
La vida, esa jugadora de dados, esa ruleta rusa. Esa tramposa que nos hace creer que olvidamos, hasta que me trae de nuevo a ti.
El que se fue todo lo pierde. Él cambia por irse, ya no es el mismo. Pinta colores divergentes, refracta con la vida que vuelve a encontrar.
Eso te ha pasado a ti. Por irte. Con todo. Y con todos.
Menos conmigo.
Me transformé en piedra, mi corazón en un puño sangrando por ti. Y cuando te fuiste, me lo tragué de un bocado. Y me supo mal: a sangre, a dolor y a llanto.
Una vez ido quedé sin nada, pues tú eras mi mundo. Y mira qué hiciste. Te fuiste sin importarte nada. Y, como el que se fue, me dejaste atrás sin importarte, sin una pizca de remordimientos.
Y nada fue igual desde ese día. Hasta hoy. Que has regresado.
Puede ser.
O no.
Puede ser.
Y lo es. Que desde que el mundo es mundo, aquel que ama continúa su letanía del abandono para luego llenarse de dolor y finalmente de olvido, perdiendo de vista el amor, saboreando el dolor y dejando atrás al que se fue.
Menos yo.
Aún te amo. Y, por eso, no quiero saber más de ti.
Persiguiendo sueños/ Chasing rainbows.
31/03/2012
Siempre me pasa lo mismo. Busco y busco en vano. Lo que encuentro no es lo que deseo, y lo que anhelo simplemente no es para mí.
Me paso la vida persiguiendo sueños y ellos se van dejándome solo.
¿Qué he hecho con mi vida? Nada importante. Nadie se gira al verme pasar; nadie se fija en mi sonrisa o en el brillo de mi mirada. Nadie extiende su brazo a medianoche en busca de un abrazo que sólo yo puedo dar. Cuando anhelo un día de sol, llueve. Cuando quiero ser besado veo cómo esos labios anhelados atracan en el puerto de otra boca. Mientras espero por encarnar mis sueños, estos se diluyen en vano tras de mí.
Y no quiero mirar alrededor, no quiero saber qué les pasa a los demás. La sonrisa, la algarabía, el éxito, los sueños encarnados, las alegrías, las tristezas… No quiero ver cómo los demás obtienen lo que desean, aquello por lo que luchan, el suspiro por el que viven. Yo vivo persiguiendo sueños que se me niegan; yo vivo deseando atravesar arco iris que nunca se abren para mí. Ni siquiera un rayo de sol, ni siquiera el guiño de una luna misteriosa. Me paso la vida persiguiendo sueños que nunca, nunca, se hacen realidad.
Y tú has sido el más hermoso de todos. Y el más doloroso también.
Siempre he soñado con tenerte a mi lado. Con que me amases si quiera con una parte de lo que yo te quiero… Pero te quedas callado, me sonríes como quien sonríe a un perro, y me acaricias sin más y te vas. Te vas buscando otros abrazos, otras palabras lisonjeras, otros rumores y otros amores que no te hacen bien, o no todo el bien que yo te daría… Y aquí quedo yo, solo, en medio de una oscuridad penetrante, persiguiendo el sueño de amarte, entre los brillos de un cielo que no se abre para mí.
Me paso la vida persiguiendo sueños.., que nunca serán para mí.
Mi sombra y yo/ Me and my shadow.
18/02/2012
a Helena, que quería un cuento de lo que pasó una vez y podemos llegar a recordar.
Iba a entrar en el portal. El edificio es antiguo. Ignoro cómo ha podido sobrevivir a esa locura que nos barrió durante un tiempo de destrucción y reconstrucción, que se llevó por delante todo lo bonito que había en la ciudad. Esta calle parece detenida en el tiempo y este portal, con sus guirnaldas y su pomo de hierro lleno de flores y hojas, parecen salidos de otro tiempo y otro lugar. No sé cómo han sobrevivido, la calle y el portal, a esa locura, y hasta el pequeño parque que lo rodea aún tiene un aire cándido y ruboroso, propio para que los amantes se cojan de la mano y se den pequeños besos de vuelta, y que los niños correteen a salvo de coches ruidosos o motos desbocadas.
Iba a entrar en el portal y algo me detuvo. Mi sombra, recortada por las guirnaldas de la entrada, parece hecha de retales, como un collage negro y sepia. Y llega al parque de tan larga que es y se detiene al borde de los árboles.
Me siento solo, llevo todo el día sintiéndome así. Suspiroso y melancólico, como si me faltase el aire. Y respiro perfectamente. Lleno el pecho y lo vacío así… Y bien. Pero no. En momentos así suelo salir a pasear sin rumbo fijo. Mi barrio no es bonito ni es tranquilo, y sin embargo cuando salgo envuelto en mis melancolías todo parece cobrar un brillo añejo, lejano de la realidad, mezclado con los latidos de mi corazón. No veo lo que veo y hasta parezco que sueño. Y puede ser eso lo que me ha pasado ahora, tras este arrebato que me ha entrado.
Son las doce de la noche. No hay luna. Las farolas alumbran cansadas esta calle desierta, llena de edificios como árboles. Se yerguen sobre tierra removida, con sus tallos serpenteantes y sus ventanas lacias abiertas como corolas. Creo percibir ciertos movimientos en uno de los pisos; como sonrisas o lloros o todo a la vez. No sé. Algo hizo que torciese en la esquina. El rumor del oleaje de las ramas, sordo y acompasado; el ritmo silencioso de mis pies o el latido enorme de mi corazón. No sabría precisarlo. Pero como en un sueño me he encontrado aquí, con la mano en el pomo de hierro, jugando con mi sombra alargada y sinuosa y eso que me ha despertado, que me llegó muy dentro y me ha hecho detenerme.
Un olor. Ese olor. A flor oscura, a rumor de oleaje, a madera delicada, a palo de rosa… Un olor que no recuerdo haber olido y que me es muy familiar despierta mis sentidos, le ha hablado a mi corazón que ha dejado de latir y me lleva y me trae por un tiempo que parece pasado y un momento suspendido en la nada que no sé reconocer…
Y sin embargo, mi sombra y yo parecemos saber de quién es esa fragancia que llena el portal y que se extiende presurosa por el jardincillo precioso y la oscura calle desierta. Y un impulso me llega. Y quiero abrir la puerta de hierro y atravesar ese pasillo de flores esculpidas y calmar esta sed extraordinaria de compañía que me ha entrado y encontrar una respuesta a la desazón que desde esta mañana vive dentro de mí.
El rumor de los árboles susurran nombres a mi corazón. El olor penetrante que llena mis pulmones adormece mi mente y hace que sueñe o imagine o reviva sentimientos violentos que nunca he sentido, y arrebatos olvidados y una pasión desmedida que ha roto corazones y ha desmemoriado vidas, vidas solitarias como la mía. Quiero tocar pero me avergüenza la hora… Mi sombra y yo estamos aquí, tiritando por un frío que llega desde los huesos al alma y le habla en ecos y le dice que sí y le dice que no y le dice qué va y le dice vete ya y le dice busca ya y la deja sola pues sola ha venido y a mí sin habla.
Mi sombra y yo dudamos. Dudamos porque sé qué botón quiero tocar; porque sé quién espera a que llame y quién, deseándolo, me ha atraído hasta aquí.
¿Qué hacer? ¿Seguir un impulso que nace detrás de mi cerebro, que es quizá más fuerte que yo? ¿Qué vida parece recordar mi corazón, que se llena de plumas y parece elevarse por encima del suelo, a tres metros de mí? Una vida llena de vértigo, repleta de pasiones extremas, del más fiero dolor pero también de la felicidad más inenarrable… ¿Por qué ese olor despierta tantas cosas en mi interior? ¿Por qué la soledad juega al escondite y me obliga a salir de mi propia vida para adentrarme en la que fue de otro? ¿O es la mía vista del revés? No lo sé…
Y miro mi sombra que parece alargarse hasta el infinito queriendo salir de aquí. Pero si me voy la tristeza acabará conmigo. Y quien me espera no sabrá que me espera ni sabrá de mí… Y su olor…
En la indecisión el tiempo pasa. Las agujas corren como corre la vida, y la vejez se instala como se apalanca la voluntad, y miro hacia atrás y el camino recorrido se ha hecho cenizas y esa vida soñada, arrancada por un olor, llena de escarcha de lo que pudo ser, se aleja tanto de mí como mi propia vida, como mi amarga voluntad…
En un sobresalto despierto agitado. La oscuridad lo llena todo. El viento se cuela ligerito por la ventana entreabierta. Es verano. Pero ha refrescado. Aunque yo estoy empapado de sudor. De un manotazo me arranco la camiseta y busco a tientas una seca en el armario. Era un sueño. O no… Y lo recuerdo todo. Y de un salto vuelvo a la cama, inmensa como un océano inescrutable, y busco la península que me ata a la vida. Se yergue enorme y esculpida, semidesnuda y perfecta, con una suave sonrisa de sueño con ángeles, y la boca más bella que haya podido imaginar jamás. Y su olor a flor oscura, a rumor de oleaje, a madera delicada, a palo de rosa… Y mi corazón se calma.
Son las doce de la noche. No hay luna. Y mi sombra se recorta entre la ventana y la cama inmensa en la que reposa el amor de mi vida. Y sé que la soledad no es más que un sentimiento pasajero y que la melancolía de lo que fue ha quedado ya muy atrás. Porque es él. Todas las respuestas son él. Y siempre será él. En esta vida, en una vida que fue y que se deslizó por un sueño. Y en la que de seguro será.




