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Chess, The Musical.

02/07/2014

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RAINBOW-FLAG

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   Si tú fueras el único hombre en el mundo

   no te diría cosas bonitas.

   Si fueras el último sobre la faz de la tierra,

   no me acercaría para tocarte y abrazarte y sentirte cerca.

   No te hablaría al oído para susurrarte besos perdidos,

   ni escalaría los mares oceánicos por alcanzarte.

   Distraería a la luna para que no nos espiase,

   y le diría al sol que no mojase sus dedos de luz sobre tu piel.

   Si fueras el único hombre en el mundo,

   no malgastaría el tiempo diciendo tu nombre,

   ni haría fundir tu corazón cerca del mío en una coraza sólida.

   Si fueras el único que quedase,

   no rescataría los años para que se fugasen con nosotros,

   ni heredaría la alegría de las flores ni el arrullo del viento.

   Si fueras el único hombre sobre la faz de la tierra,

   no estaría nunca lejos de ti,

   ni te sentiría, ni me importarías.

   Si sólo fueras tú, la tierra seguiría girando

   y nosotros con ella.

   No crearía un Edén sólo para nosotros dos,

   ni en una cama de hierba buscaría tus labios para besarte.

   Si fueras el único hombre en el mundo,

   no dilapidaría las horas restantes viéndote cambiar, y madurar y envejecer.

   Si fueras el único en el mundo, y yo estuviese junto a ti,

   no perdería más el tiempo en cosas sin sentido,

   y sólo me quedaría para amarte, mimarte y desearte.

   Y llenarte de felicidad.

La espera/ Waiting.

11/04/2014

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 © Sergio de Luz

 Esperando la llegada del día. El lento amanecer. El reflejo de tu piel.

   El tiempo pasa, a veces demasiado lento, en esta espera infinita.

   Cierro los ojos y el aroma de tu cuerpo llega hasta mí y es como recrearte en la nada y llegar a tocarte y desearte sin fin.

   La espera es de goma y me envuelve en su arrullo. De bronce, de hierro. Sus dedos me aferran y me inmovilizan.

   Y pienso en ti.

   Tu sonrisa. Tus ojos de arena tostada. El ocaso de tu voz y la caricia firme, que se atenúa dibujando el camino de mi espalda hasta el cuello.

   Y tus besos de sal y de almendra.

   En la espera te dibujo. El deshielo de tu recuerdo apacigua mi sed. Y me vuelve loco.

   Esperando la llegada de la noche el viento se agita. La soledad sonora grita hasta dejarme sordo.

   Y pienso en ti.

   En tus dedos de alambre, en tu torso desnudo, en el reflejo de la luna en el balcón de tu piel.

   El tiempo pasa y me sobrepasa, se hace eternidad en un día y miles de segundos en las pestañas. Y estoy solo. Y me vuelve loco. Y no llegas.

   Intento oír tu voz oscura en el trasiego de la espera eterna. Y me hago de piedra y de salitre y de pan mientras espero.

   Mientras espero que vuelvas a mí.

   La espera es mi esperanza y también mi prisión, mi anhelo y mi castigo. Y me siento inútil y muchas veces también vacío. Mi imaginación se seca, mis latidos se enlentecen. A veces incluso parece que estoy muerto.

   Pero el dolor de tu ausencia me recuerda que sigo aquí, lleno de piel y sangre y ganas y soledades.

   En la espera el amanecer no llega. Y continúo extrañándote.

   842e6e36bcb111e3a245124b25c24b3c_8Recuerdo que cerré los ojos.

   Me lancé sin pensar, sintiéndolo mucho, sabiéndolo mucho.

   Estaba todo oscuro. Sólo podía sentir el latido de su corazón y oler el aroma de su pecho.

   Mi rostro se hundía con cada respiración suya y me mecía en un arrullo parecido al mar.

   Era el océano.

   Su piel suave, su pensar discreto.

   Entre sus brazos el mundo era otro en el que ni siquiera yo tenía nombre. Porque poseía el suyo.

   Entre sus brazos el tiempo transcurría lento, como un atardecer cansado. Y lleno de color, cielo atravesado por el sonido de su risa de cristal.

   Recuerdo que me dejé llevar. Así. Sin pensar. Sintiéndolo todo. La fuerza de su abrazo, el cosquilleo de su pelo, el sabor de sus labios.

   Me perdí entre sus brazos para saber quién era yo. Para saber que era yo. Para sentirme, para conocerme, para olvidarme y ser un sólo ser, escindidos por un juego del destino.

   Y su perfume en la piel clara, y su arrullo en la voz suave, y el constante rumor de su corazón, que era todo amor…

   Me perdí entre sus brazos para encontrarme con él. Para ser él. Y ser yo.

   Qué felicidad.

   

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