11-S

11/09/2014

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Hace trece años temblamos. El siglo dio el giro que definirá por siempre a esta centuria, como  el S. XX sufrió con el estallido de la I Guerra Mundial.

Miedo. En ambos acontecimientos la reverberación está basada en el miedo: a sufrir, a ser morir. Los políticos, las sombras en el Poder, siguen manejando los hilos más viejos de la historia del mundo para campar a sus anchas y satisfacer (¿realmente?) ciertos placeres que se llevarán a la tumba tal como llevamos los de cada uno, sin ser especiales (y siéndolos), cada uno de nosotros.

No hay que llamar al Desorden civil, sólo hay que apelar a la responsabilidad individual y, en consecuencia, a la colectiva, para levantar esas sombras que esconde el Poder y ser realmente libres. Sin credos, leyes huecas, vericuetos inhumanos que nos sujeten.

Un once de septiembre Chile dejó de ser el país que era; un día de mayo Madrid dejó de ser la ciudad que era. Un once de septiembre Nueva York dejó de ser la que era, y con ella, el símbolo de la unidad mundial, un terremoto de miedo ha cambiado nuestras costumbres para siempre, transformándonos en nuevos esclavos: de los poderes fácticos, de las líneas aéreas, de nuestros deseos vacíos por seguir obteniendo placer a cualquier costo.

Y lo sé porque yo soy uno como cualquier otro. Como era uno que, tras llegar a casa de trabajar, tirado en el suelo de mi sala veía por la televisión, sin poder comer, esas imágenes eternas, esa destrucción total. Y los días posteriori, un orgullo ridículo de raza superior que se hacía autora del suceso, tal como trece años después otros mesiánicos se alzan con el derecho a gobernar un mundo: religioso o seglar. En Oriente como en Occidente.

Debemos hacer oídos sordos a cualquier canto de sirenas que nos prometan gratuidad, bienestar ficticio, huecas palabras. No nos escudemos en orgullos heridos, en desazones que son poca cosa ante la realidad de cada una de nuestras vidas. Debemos adquirir nuestra responsabilidad y validarla, asumir sus consecuencias y mejorar el mundo, el nuestro pequeño y, por reverberancia, el mundo mayor, el planeta azul y verde en el que vivimos.

El 11-S puede servir para muchas cosas, pues de mártires está sembrada la Historia. En vez de Nunca olvidaremos, prefiero el eslogan: Siempre recordaremos. Porque es positivo, porque implica acción, no reacción, y porque nos regala un hálito de esperanza. Esa que se nos arrebató a todos, como Humanidad, un día como hoy hace ya trece años.

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Hoy se ha ido de nuestro lado el gran compositor venezolano Simón Diaz, creador de una pequeña obra maestra: Caballo viejo.

Cuando la obra de un autor alcanza dimensiones que ni siquiera éste ha soñado, lo transmuta y lo hace imperecedero: las canciones de Simón Díaz, llenas del folclore venezolano, han deshilachado las fronteras propias de Venezuela para hacerse parte del acervo cultural del habla hispana y del mundo.

Era el Tío Simón. Tan sereno y tan sencillo como su eterno liquiliqui y su gran canción, que habla de la verdad del tiempo ido, del amor ingrato y del abandono.

Hasta pronto, Caballo viejo: que el mundo siga cantando tus versos y siga retratándose, llegado el tiempo justo, que todos, todos somos un poco como tu caballo viejo: impetuoso, achacoso y siempre esperanzado.

Open Your Eyes. Snow Patrol

   6849aebc61215c593d6f6f3dfda02822Otro de los descubrimientos en Instagram ha sido, para mí, Sergio De Luz. Sus formas desnudas, su estilo rudo sin apenas retoques, esconden sin embargo una técnica depurada y la sutileza más delicada en las imágenes que quedan prendidas en la retina una vez nos obliga a abrir los ojos ante sus creaciones.

   Su trabajo como fotógrafo profesional es independiente de su labor en Instagram, más personal, en el que se nota una huida hacia lo sencillo (que no básico), un juego constante entre las sombras y, como su propio apellido indica, la luz.

   Apenas hay cabida para el color. El mundo de Sergio De Luz es un constante claroscuro en el que las formas se desnudan, o se ofrecen en vaivén, llevadas y traídas por las mareas de la mirada.

   Porque Sergio De Luz nos obliga a abrir los ojos ante la vida sugerida y retratada, descarnada pero juguetona, directa y sutil, sin afeites; a veces cargada de una cierta rabia contenida, y otras, de un dejarse ir sedoso y revelador.

   Nada en Sergio De Luz nos deja indiferente: ni su pasión, ni su delicadeza, y mucho menos esas imágenes con las que retrata una vida en blanco y negro que, sólo a veces, por suerte o por casualidad, se puede llenar de color.

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I ♥ NY.

11/09/2012

En el aniversario del ataque terrorista a Nueva York (vísperas de lo que sería el peor ataque terrorista en Europa, en Madrid) un pequeño homenaje de la serie Sexo en Nueva York a la ciudad, uno de los episodios más bellos y de más corazón de la misma.

Ningún intento de copyright. No poseo ninguno de los derechos de la serie.

De mi amiga y colega Sonia Fernández Conde la belleza y melancolía de Pontemaceira, como ejemplo de lo maravillosa que Galicia es.

Hayley  Westerna. O mio babbino caro.

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Mirando al mar. Mocedades.

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