Gentle On My Mind. Madeleine Peyroux.


5e8bf0e2caed11e2b5c422000a1f9a53_7Paseando por mi mente te encontré. Un detalle, un olor. Eso fue lo que hizo falta para traerte de nuevo a mi vida.

Eras fácil, suave y sorprendente. Eras de sonrisas, lo recuerdo bien. Y de manos ávidas y aspavientos. Y tu voz de locomotora llenaba todo de palabras desbocadas, desbordadas, cargadas de intenciones.

Qué dulce me es recordarte.

Tus ojos de luna llena y esa nariz algo sobresaliente. Y la espesura de tus cejas y ese parpadeo rápido, ávido.

Nuestras conversaciones, nuestras tardes de amor. Contigo todo era más, hasta demasiado. Y eso estaba bien. No sé porqué llegué a pensar que no te quería más.

Porque te quise. Créeme. A mi manera mareada. Y ahora descubro que aún te quiero.

En el recuerdo me doy cuenta de cuánto.

Tu boca, tus manos. Y las rodillas donde reposaba mi cabeza a veces y donde dejaba escondidos besos para después.

Cuando me esperabas detrás del sofá y me sorprendías día sí y día también, entre la bruma de la tarde y el cansancio de las horas que parecían no tener fin. Yo te veía en el reflejo del espejo, pero nunca te dije nada para no desairarte.

Sonrío al recordarte.

No sé cuándo todo se rompió. Por mi parte, claro. Perdóname, era el temor. El miedo al riesgo, porque eso es lo que eras para mí: una aventura enorme, una apuesta insegura. Y te dejé ir. Y me equivoqué.

Y ahora te vuelvo a encontrar en los vericuetos de la mente, en el paraíso absurdo del recuerdo.

¿Me querrás volver a ver?

Te he buscado en Google. Todos salimos. Y he intentado saber si estás con alguien o si la soledad que te infligí sigue tan empeñada en tu vida como en la mía.

¿Desearás saber de mí otra vez?

En el recuerdo sigues sonriéndome y siendo suave y volátil, con la facilidad de lo que debe ser y la suavidad de lo esperado. Y una esperanza anida en mi corazón.

¿Aún podrás quererme como te quiero a ti?

Junio/ June Hymn.

01/06/2013

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JOAQUIN-RIVIERA   Joaquín Riviera, productores de los mejores espectáculos televisivos venezolanos, si no de toda Latinoamérica hacía de su Cuba natal espíritu y espectáculo.

Nada en él era pequeño: ni el férreo control que ejercía que rayaba en la tiranía, que escondía una perfección única, ni las plumas, las lentejuelas y la eterna música mágica. En España jamás se ha podido ver algo así en toda la historia de la televisión. ¿La razón? Como muchas otras cosas (la ausencia de espacios musicales es el más flagrante de todos) no creo que la sepamos nunca.

Yo conocí a Joaquín Riviera gracias al programa De fiesta con Venevisión, ya en sus períodos de especiales televisivos (era un programa semanal que existía antes de que naciese y que, cuando ya tuve edad para fijar recuerdos, ya no existía como tal), animado por el siempre correcto Gilberto Correa. Pero fue el Miss Venezuela, y sus grandes anuncios navideños, donde Joaquín Riviera se hizo grande, se hizo internacional.

Ni una estrella que se precisase faltó alguna vez a ese magno espectáculo televisivo, lleno de purpurina, piedras falsas, bellezas naturales y retocadas y exceso, puro exceso. La elegancia de Carmen Victoria Pérez era mítica. Se hacían quinielas para saber qué traje luciría para dejar a todos boquiabiertos. Recuerdo que Guy Melliet era de sus diseñadores favoritos.

El Miss Venezuela no sería lo que es sin Osmel Sousa, claro, el llamado zar de la belleza, como de su equipo, dentro de los que destaca actualmente el encantador Harry Levy Altman, sin embargo es espectáculo gracias a Joaquín Riviera, y es clase gracias a Gilberto Correa y Carmen Victoria Pérez, escuela de todos aquellos, belleza y talento, que siguieron sus pasos en etapas posteriores que ya no he podido ver.

Nunca, y eso es lo triste, podremos disfrutar en nuestra televisión española, de un espectáculo a la altura de los ideados por este genio televisivo, a quien le debo mucha de las imágenes que me han acompañado toda mi vida.

Con todo, hasta luego, Joaquín Riviera… A lo grande.

venevision

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